Prosperitat

“Estudiaba en el Víctor Català y en la Escuela de Música de la Guine y formé el primer grupo con unos colegas”

Entrevista a Toni Carlo, del local d’assaig ‘La casa Azul – Associació Musical Prosperitat’, al carrer Enric Casanova número 11. Feta per al número 65 d’A les barriades!, la revista del Casal de Barri de Prosperitat.

¿Cómo fueron tus inicios y tu primer local de ensayo?

Vale, esto se remonta a cuando yo tenía catorze años. Yo estudiaba en el Víctor Català y en la Escuela de Música de la Guine, y formé el primer grupo con unos colegas. Como extraescolar empecé a hacer solfeo, canto coral, piano… La historia es chula. El primer local de ensayo fue el Víctor Català, que nos dejaba el comedor del colegio para ensayar los fines de semana, cuando antes se podían hacer esas cosas. Y al poco tiempo, en la caseta de madera del conserje, que se había jubilado. Ese fue nuestro primer local de ensayo, una buena historia.

¿Y seguiste allí?

Ahí empieza la historia. Bueno, y empiezas a moverte, empiezas a querer ser una estrella del rock and roll. Al poco tiempo nos cogemos un sótano en la calle Casals i Cuberó, y lo forramos de hueveras, que no servían para nada; por poco nos intoxicamos forrando porque allí no había ventilación, no había nada, cuatro chavales forrando aquello con cola, por poco no salimos de allí. Bueno, pues ese fue nuestro primer local propio de ensayo, que era una pasada. En aquella época ninguno de los chavales tenía un local propio de ensayo. Y empezamos a hacer muchos bolos, éramos buenecicos… Eso era en el año 88, más o menos.

En aquellos años finales de los 80 ¿Tocabais mucho?

Empezamos con los circuitos de casales de barrio y centros cívicos, que en aquella época funcionaban muy bien. Currábamos 30 o 40 bolos al año, con 15 o 16 años. Nos buscábamos la vida, y empecé con el listado de casales de Barcelona y nos hinchábamos a currar, y cobrando. En aquella época se cobraba más que ahora, en comparación. Ahora es un desastre.

¿Qué tipo de repertorio tocabais en aquel entonces?

Éramos un grupo de versiones. Hacíamos temas propios, pero eso no gustaba. Versionábamos pop nacional.

¿Y cómo sigue la historia?

Hay algún grupo que me tira la caña, pruebo con algún otro grupo. Yo era cantante y guitarrista. Y una discográfica se interesa por nosotros, en los 90… Nos decía que el grupo molaba, pero solo querían al cantante, y se lo tienes que plantear al grupo, claro. Se intentaron cosas, se hicieron maquetas con músicos profesionales en estudios potentes de Barcelona, pero se quedó todo en agua de borrajas.

¿En qué momento decidiste que la música sería definitivamente tu profesión?

Empiezo a perder los estudios, no sé qué hacer, no quiero estudiar, yo estoy con mi música a tope. Aparte, tenía el local cerca, salía de mi casa con la guitarra al instituto y en vez de ir a clase me iba al local. Y cuando acabo tercero de BUP ya no quiero estudiar. Decido irme de voluntario a la mili, hago las pruebas en Zaragoza y me dicen que tengo un problema en el ojo, que no soy apto. Poco después, con dieciocho años, con la música como hobby, me veo buscando grupo para cantar. Me llaman de una orquesta, yo no sabía ni qué era una orquesta, hago una prueba, me cogen y me aprendo todas las canciones. Ahí empieza mi carrera profesional. Toda mi vida he estado con las mejores orquestas del país: Janio Martí, Maravella, Montgrins…

Muchísima actividad por lo que veo ¿No?

Viajando por toda España. Un montón de tiempo haciendo ciento y pico de bolos al año. Hasta que lo dejé hace ocho años porque ya no eran rentables; cada vez se cobraba menos. Estaba enganchado con la Montgrins, por ejemplo, y no podía hacer proyectos propios. Claro, hubo una época buena con buenos sueldos; con Janio Martí tenías un sueldo de número uno. Pero eso fue pasando. O sea, que tomé la decisión de hacer proyectos propios y bueno, fue una etapa de mi vida, se acabó y ya está.

A pesar de las giras, siempre has mantenido tu base en Nou Barris con ‘La Casa Azul’.

Es que yo vivía aquí. Excepto cuatro años, al principio, que viví en Zaragoza, siempre he vivido en Nou Barris. Aquí he tenido y tengo el local de ensayo ‘La Casa Azul’.

¿Cómo ves la tradición musical del barrio?

Aquí en el barrio hubo una época, los 70, de mucha música de baile. Aquí estaban Los Dobles, estaba la orquesta del Tito. Por aquí andaba Tony Carmona y compañía haciendo baile… El que se ha querido dedicar profesionalmente ha tenido que pasar por la música de baile y la música de verbena, y ahora versiones pop, pero en aquella época había que hacer pasodobles; si no, no comías. Pero, por supuesto, había gente a la que eso le daba igual, claro. Aparte de orquestas, había en el barrio mucho heavy metal; aquí ha habido mucha tradición de rock. A las pruebas me remito, aquí siempre se ha hecho el Chistorra Rock.

¿Cómo ha evolucionado técnicamente el local de ensayo y el equipo de los músicos?

Para empezar, antes los locales de ensayo no se concebían como local de ensayo. O sea, el local de ensayo de antes era alguien que tenía un espacio, un local o algo así donde se pudieran meter los instrumentos y poco más. Antes, por ejemplo, lo bueno era todo grande. O sea, los amplis de guitarra para que sonasen tenían que ser grandes, los equipos de sonido para que sonasen tenían que ser grandes. Ahora no. Ahora ya no hace falta. Y eso se ha notado también en los locales para poder reducir.

Aunque trabajabas en orquestas ¿Cuáles eran las influencias que realmente te marcaban?

Yo lo de las orquestas lo hacía para comer. Mis influencias son otras. Yo crecí con el pop nacional, sobre todo cuando era muy adolescente, un poco de la movida rockabilly, Loquillo, Rebeldes… Sí, aquella onda me molaba, y pasé un poco a la movida madrileña: Secretos, Antonio Vega… Y después ya pasé sobre todo al mundo del cantautor: Víctor Manuel, etc.

¿Qué diferencia a un local de barrio como el tuyo de los grandes centros de ensayo?

Para empezar, los locales de ensayo pequeños de este barrio tienen el inconveniente de tener que competir con los macrolocales que hay por ahí. Pero bueno, nuestros locales son otro concepto. Es un concepto de local más familiar, donde está todo montado, donde tú puedes llevar tus instrumentos y dejarlos allí. Tanto mi local como otros locales del barrio ya tienen su infraestructura montada. La gente va allí con las manos limpias, con su guitarra, y ensaya, digamos. Yo me gasté la pasta en insonorizar profesionalmente el local. En los grandes centros de ensayo hay de todo tipo: más grandes, más pequeños, vacíos o montados; ya unos que alquilan por horas, otros que alquilan por meses… Oye, ellos tienen una nave con 250 bucs, vale, ellos son un hipermercado y nosotros como una tienda de barrio.

¿Cómo gestionas ‘La Casa Azul’ hoy en día y qué actividades haces allí?

Yo lo tengo como un local personal. Mi lugar de trabajo. Están algunos de mis instrumentos. Lo constituí como una asociación musical: La Casa Azul. Y lo tengo asegurado totalmente, tanto por mi seguridad y la de mis pertenencias, como por si pasa algo a terceros. Y si quiere venir alguien a ensayar no hay problema, es encontrar una hora, y ya está. Ya llevo casi veinte años con el local, desde la crisis del 2007; aquí también aprovecho para dar mis clases de canto, clases de piano, de guitarra… También hago grabaciones.

¿Qué perfil de músico acude ahora a vuestros locales? ¿Y qué estilos se escuchan?

Mira, sobre todo hoy en día viene gente aficionada. Gente que toca por hobby. Los profesionales hemos perdido el romanticismo de la música y optimizamos el tiempo… No tocamos tanto por diversión. Si no hay un concierto, no ensayamos. En cambio, sí que hay gente que queda un día a la semana como el que va a jugar a pádel. Que ya se toma ese día para juntarse a tocar y luego salir a tomarse una cerveza. También te encuentras con gente que te lo alquila para estudiar, por ejemplo, batería, que es el instrumento más delicado. Hay algunos que no se pueden permitir tener una batería en casa, o estudiar en casa. Claro, evidentemente se hace un precio mejor que a un grupo entero. Y se escuchan todos los estilos de música que te puedas imaginar.

¿Sigue siendo el local de ensayo un espacio de encuentro social para los jóvenes?

Me ha pasado verlo, y me ha pasado que me lo digan padres: ‘Toni, intenta que los chavales se animen y vengan por aquí, tú que eres profesional, que te vean; mientras estén aquí tocando no estarán en otro lado’.

Con el auge de las redes sociales ¿Ha cambiado la mentalidad de los grupos al entrar a ensayar?

Como proyección no lo veo como pensando en vamos a llegar a tal cosa porque la industria ha cambiado; antes sí que te metías en el local de ensayo a machacar una canción pensando que iba a sonar, presentarla en la discográfica y pegar el pelotazo. Pero es que eso ha cambiado. Ahora las producciones se hacen en casa y se suben a las redes, para que consigan visualizaciones, porque ahora la clave es conseguir visualizaciones.

¿Te preocupa el impacto de la Inteligencia Artificial en la creación musical?

Bueno, es que hoy tú metes en la IA cuatro frases y le pides alguna canción con estas cuatro frases, con este estilo y tal, y te hacen una canción maravillosa, con una voz preciosa. Estoy convencido de que están saliendo canciones por ahí que en realidad ni están compuestas ni están interpretadas. Pero se puede pedir una canción a la IA, y después coger esa canción, a unos músicos y grabar tu voz. Haría todo el trabajo. No harían falta ni los músicos, porque hoy en día hay programas para todo… Da pánico, da pánico.

A pesar de esto ¿Crees que el local de ensayo tiene asegurada su supervivencia?

El local de ensayo no tenderá a desaparecer porque la música en vivo no desaparecerá nunca, porque el contacto y la química personales no pueden desaparecer. Lo que creo es que este barrio ha sido un barrio muy potente, muy potente musicalmente en los 70, 80, 90… Toda esta generación, un barrio como muy cohesionado musicalmente, entre nosotros. Y ahora hay como una generación que no sigue la saga. No sé cómo explicarme, los músicos que hemos subido en este barrio siempre hemos tenido como una referencia y respeto a lo que había antes… Tony Carmona cuando andaba por aquí, otros que también estaban por aquí ¿No? Y ahora, me da la sensación, no le dan importancia a todo lo que había antes, no lo valoran. No deja de ser historia del barrio; hay cosas que se han conseguido por tanta gente que hemos estado treinta años por aquí…

¿Crees que la música siempre necesitará ese componente compartido y presencial?

Sí, de eso estoy seguro, sí, porque tocar solo es muy aburrido. Hay gente que se vuelve loca tocando sola y ensayando sola, pero al final te das cuenta de que es un absurdo. La música está hecha para compartir, es un idioma. La música no deja de ser un idioma, es una forma de comunicación. Es el idioma universal, es el único, es el único idioma. Tú coges a una persona de cada país del mundo que sepa música, los pones juntos y se entienden.

¿Qué proyectos personales tienes ahora?

Uy, proyectos tengo muchos. Yo soy muy reconocido a nivel profesional, hay gente que me quiere. Yo grabé un disco dedicado a Serrat, no un tributo, con los mejores músicos de Barcelona, y ahí descubrí que lo que hacía, lo hacía muy bien. Había gente que conocía, de lo mejorcito, para colaborar en el disco y todos me dijeron que sí, todos. Hice un disco, la verdad que muy bonito, un disco prácticamente en directo. Es un espectáculo que ya llevo haciendo hace 6, 7, 8 años por toda España. Es ‘Toni Carlo canta a Serrat’, simplemente. Ahora estoy preparando uno que es un homenaje a Perales, que se retiró el año pasado. Tengo un grupo que es mío con otro socio, se llama Viento del Norte, que hace un homenaje a Mocedades, súper chulo. Cuenta con el beneplácito de los de El Consorcio. También tengo un espectáculo súper chulo con 10 músicos, con metales y todo el rollo, y lo hemos hecho hasta con Big Band de veinte músicos, que es ‘Dos pájaros al vuelo’, que es la réplica exacta de Serrat y Sabina.

También participas en actos con un trasfondo social muy profundo…

Bueno, como la gente ya me conoce, he hecho tres o cuatro conciertos de levantamiento de fosas comunes. Sí, y eso me mola mucho, que me llamen para esas cosas. En fosas comunes, entregando los restos a los familiares.”

Para terminar ¿Participas en actos del barrio?

En el barrio pocas veces se han contratado a cantantes profesionales. Y si me quieren, me tienen que llamar. Tengo ese punto de orgullo. Al final pude hacer mi espectáculo ‘Toni Carlo canta a Serrat’, pero costó mucho, en la Plaza Ángel Pestaña. Yo siempre he estado vinculado al barrio. Yo estoy haciendo una actividad en el Casal de Barri desde hace 10 años, hace falta un piano para hacerla y el piano que está allí es el mío, no me importa. Pero no he podido presentar ningún espectáculo en ningún local del barrio.

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