Prosperitat

“Se cuenta en mi familia, de puertas para adentro, que la primera gran fiesta de la Prospe la organizó mi padre, Tito”

Entrevista a Free, del local d’assaig del carrer Flor de neu. Feta per al número 65 d’A les barriades!, la revista del Casal de Barri de Prosperitat.

¿Cómo recuerdas tus primeros días en locales de ensayo de la Prospe? ¿Cómo se vivía la música en el barrio cuando empezaste? ¿Existía buen rollo entre los grupos? ¿Se compartía equipo y/o músicos?

En mi caso, he crecido en un local de ensayo; mi primer “juguete” fue una batería Sonor, luego teclados, guitarras, micros, percusión, etc. En mi entorno, la música se vivía al 200%, 24/7 non-stop. En especial en mi barrio, La Prosperitat, la música ya estaba muy arraigada en los años sesenta, con un montón de guateques y de grupos que emergieron de entre las calles del barrio sin asfaltar. En particular, se cuenta en mi familia, de puertas para adentro, que la primera gran fiesta de la Prospe la organizó mi padre, Tito, para celebrar el cumpleaños de su hermano Timi, también músico. Sacaron los instrumentos a la plaza de la Zona Verde y pincharon la corriente a una farola un 3 de junio de 1977 (hecho plausible). Entre los grupos que ensayaban en la calle Flor de Neu había mucha camaradería y buen rollo; de hecho, había dos locales de ensayo contiguos y los músicos se movían entre ellos compartiendo equipos cuando las circunstancias así lo requerían.

¿Crees que la Prospe ha tenido/tiene un “sonido característico” marcado por las condiciones sociales y/o por la influencia de los grupos veteranos de la zona/exterior?

Sí, la Prospe es la cuna de muchos buenos músicos y ha tenido siempre una impronta proletaria que se refleja en un sonido propio. En el estilo que sea, siempre se ha conservado ese halo humilde y barrial. La influencia de grupos referentes como Lone Star o Los Dobles también ha contribuido a ello.

¿En qué se diferencia un local de ensayo de hoy a uno de hace 20/30 años? ¿Hemos ganado en comodidad técnica o no es para tanto?

Sí, ha habido un salto cualitativo muy significativo, desde lo básico, como disponer de tomas de tierra para que los micros no den «picotazos» (indispensable), hasta una mejora sustancial en los equipos de sonido y técnicas de uso. Antiguamente se ensayaba con un juego de voces básico; hoy en día, altavoces (procesados o no) de más calidad y las mesas de sonido digitales están reemplazando a las analógicas. Aunque yo, personalmente, me quedo con lo analógico.

¿Cuáles son los mayores obstáculos para mantener un local abierto en el barrio hoy en día (gentrificación, normativa de ruidos, falta de recursos)?

Bueno, es muy importante una buena insonorización para no molestar ni ser molestado. Actualmente, en mi caso, al ser un local (home-studio) privado, los recursos dependen de la autosuficiencia e inversión personal. Al estar fuera del circuito comercial no te puedo precisar, no obstante, en la actualidad el barrio dispone de equipamientos en casales y demás espacios muy saludables y bien equipados. La gentrificación no puede desculturizar este barrio: ¡Somos como un pequeño poblado galo!

¿Quién ensaya hoy en el barrio? ¿Qué tipo de músicos/música se ensaya ahora?

Bueno, hay música y músicos de todos los estilos y gustos, como se dice, «para dar y vender». Creo que en este barrio hay más músicos por metro cuadrado que en el resto de la city. De hecho, en cualquier concierto de la Prospe hay más músicos entre el público que en el escenario, lo que impone un alto nivel de autoexigencia y entrega. En mi caso, soy artista de rap y reggae, pero lo que más predomina en el barrio pienso que es el flamenco, punk-rock y metal. Hay de todo, ya sea en formato banda, cantautor o DJ.

¿Siguen siendo los locales de ensayo un motor cultural para el barrio y de participación/reivindicación?

Sí, un local de ensayo siempre es un generador cultural. En este barrio se aprende la disciplina musical desde niños, así como la reivindicación social se aprende y solapa a la música al crecer e ir interaccionando con las luchas vecinales. Todo va de la mano.

¿Crees que el concepto físico de “local de ensayo” corre el riesgo de desaparecer ahora que se puede “grabar” en casa?

Pienso que no. Una cosa es premaquetar una demo en casa y otra es poder explayarse a un nivel de volumen adecuado. Otro factor es juntar a varios músicos en un mismo espacio, y una casa no es el entorno más idóneo para tal cometido. De hecho, a los niños pequeños de entrada les atraen más los instrumentos percusivos, pero los padres les terminan consiguiendo una guitarra o teclado por eso mismo: por la falta de un espacio propicio.

¿Ves a los jóvenes del barrio interesados en formar bandas y alquilar espacios, o la cultura del ensayo está mutando hacia algo distinto?

Pienso que la música es una constante en este barrio, tan impregnado de ella y de otras disciplinas artísticas. Siempre va a haber un relevo generacional y los jóvenes buscarán la manera de organizarse y encontrar espacios, ya sea en casales, locales o espacios autogestionados.

¿Hacia dónde van los locales de ensayo del barrio y de fuera? ¿Seguirá esta cultura de cooperación musical y social? ¿Se gira hacia la individualidad y al ensayo en casa?

Creo que un local de ensayo es el punto de partida para cualquier proyecto musical que se precie. La música es un lenguaje que se aprende interaccionando con otros; puedes aprender a tocar en casa, pero hay que sociabilizar y compartir experiencias. Los escenarios dan tablas y los locales de ensayo proporcionan camaradería y lazos de cooperación entre músicos. También añadiría que en los locales de ensayo se aprende a improvisar ¡Y en los conservatorios esa asignatura no se imparte!

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